02 octubre 2017

Cómo cambiar de vida en 3 meses

Habrás notado que he pasado un poco de todo en los tres últimos meses... Ni me ha dado un patatús ni me ha tocado la lotería, pero mi panorama anterior se ha ido al garete para no volver de allí nunca, nunca, nunca.




Pero bueno, antes de divagar te cuento qué narices ha pasado conmigo.


Un mes después de que el riojano se fuese al extranjero me vine a Madrid a pasar una temporadita (en principio corta) para no sentirme tan sola, que la mitad de mi familia vive aquí. Hasta ahí todo tal como lo había previsto. Luego me puse en contacto con mis ex-compañeras de oficina y una cosa llevó a la otra... y un mes después de llegar a Madrid me plantaban en la cara una oferta de trabajo que llevaba tiempo deseando.



El asunto...

Es complicado de explicar porque ni yo misma era del todo consciente de las ganas que tenía de volver a una oficina. Yo estaba feliz creando mis casitas y enviándolas por el mundo, pero me faltaba algo... me faltaba tranquilidad y me faltaba bullicio. Contradictorio, ¿verdad? Pues no del todo.

Ser artesana es una de las peores salidas laborales que conozco. Tener que producir todas y cada una de tus piezas dificulta llegar a una cantidad considerable a fin de mes, y eso no da mucha tranquilidad, sobre todo porque para producir muchas veces te tienes que fumar los horarios. ¡Y eso no puede ser! A lo mejor ha sido solo mi experiencia y otras se apañan mucho mejor (espero que así sea, por la mitad de la gente a la que sigo en redes).

Por otra parte, trabajaba en una muy solitaria oficina-taller en mi propia casa. Mi jornada consistía en dejar a las niñas en la guardería, volver a casa, recoger un poco y crear casitas sin cruzar una palabra con nadie. Por redes muchísimas, pero no es lo mismo (y lo sabes). El 2.0 en general e Instagram en particular me han aportado cosas (y personas) geniales, pero la vida hay que palparla un poco más. Si has podido desvirtualizar a la gente con la que interactúas en redes, lo comprenderás.



Así que nada. El riojano y yo decidimos volvernos locos y aceptar la oferta, y de esa forma volví a trabajar en la misma empresa de la que me despedí cuando se me acabó la baja por maternidad con Isabel (¡que este viernes cumple 3 años!).

¿Ha merecido la pena?

A veces no estoy segura de mi respuesta, porque tengo la sensación de que soy la única en esta casa que ha salido ganando. Al principio me acojoné un poco cuando me hicieron la oferta, porque se trataba de un puesto mejor que el que ocupaba hace tres años... pero ese miedo me hizo decidirme del todo. Ya no se trataba de la tranquilidad o del bullicio, sino de no dejarme dominar por la zona de confort, y creo que fue una buena decisión. Yo, desde luego, lo estoy disfrutando muchísimo.



Ahora bien... la que he liado, pollito. Cambio de ciudad, de trabajo, de casa, de cole, de guarde... uffff, está siendo agotador y va a traer cola. Estamos en casa de mis padres hasta que encontremos un piso y las niñas están en una guardería temporal hasta que podamos pedir un colegio / guardería cerca de la nueva casa. El trajín que están sufriendo el riojano y las niñas (sobre todo las niñas) a veces parece desproporcionado para un trabajo.

En fin, culpabilidad. Seguro que a alguna le suena... es una pena. Sé que el riojano me apoya al 100% y que está orgulloso de mí, pero no puedo evitar pensar que les estoy negando esas tardes de parque que siempre hemos podido disfrutar los tres juntos.

Otro día divagamos más sobre ese asunto, ¿vale? Porque mira que tenemos chicha en el seso...

¿Y qué pasa con todo lo demás?

Imagino que te refieres a las casitas, claro. Pues ha sido una decisión durísima pero no me ha quedado más remedio que desemprender. Ya no creo que haya más casitas... y si las hay, serán muy muy limitadas.

Llevo años trabajándolo poquito a poco, frustrándome con lo que salía mal, ilusionándome con cada cosa que salía bien y, sobre todo, echándole mucho cariño y tiempo. Pero ahora quiero echarle todo ese tiempo a mi pequeña familia. Quizá estoy loca y es la peor manera de planteárselo, pero para mí el trabajo es mi tiempo para mí y el resto del tiempo es para estar en familia.

Bueno, y por las noches escribo posts como este... ;)

1 comentario

  1. Creeme guapita que no eres la única que has salido ganando! Yo me meto en ese saco!! Poder tenerte cerca es un lujo y estoy segura de que aunque a día de hoy puedas pensar qur tus hijas echan de menos las tardes de parque, a largo plazo lo que pensarán es que eres un ejemplo a seguir, una persona que ha luchado por sus sueños y por su familia, que todo lo qur hace lo coge con las máximas ganas, que es perfeccionista, que si hace algo, ya sea ser madre, emprendedora o volver a trabajar por cuenta ajena, lo va a hacer siempre lo mejor posible. Eres una madre que no se acomoda, que no tiene miedo al cambio, que coge oportunidades al vuelo, que piensa en ella y en otras tres personitas más. Y eso, además de las tardes de parque, también es muy importante. Y yo pues ya lo sabes, feliz de volver a tenerte cerca. ��

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